La propietaria de esta vivienda había adquirido su casa con mucha ilusión. Situada en el centro histórico de Toledo, con vistas dos calles emblemáticas de la ciudad, la reformó con algún que otro disgusto y entró a vivir en ella, amueblándola con algunas piezas que ya tenía y otras nuevas que adquirió ex professo para su recién estrenado hogar.

A las pocas semanas se dieron cuenta de que algo fallaba. La casa no les transmitía las buenas sensaciones que esperaba. No terminaban de sentirse a gusto.

El primer paso fue dar con una buena distribución. Originalmente el piso tenía dos dormitorios con un saloncito y una cocina y comedor independientes.

La reforma llevó a dejar la vivienda con un único dormitorio, un estar-comedor amplio y luminoso con cocina integrada, un baño completo con ducha, mucho espacio de almacenamiento y un despacho-estudio con dos puestos de trabajo que compartir con su pareja.

octubre 10, 2018